Entradas de concristotodo

NOVENA AL SAGRADO CORAZON DE JESUS

http://www.devocionario.com/jesucristo/corazon_8.html

EL TRABAJO DE MIS HIJOS

Fabricación de cubetas para hielo. Es el trabajo de mis dos hijos varones: Alfonso y Fernando Ancajima Medina. Habiendo realizado trabajos en fábricas de Tumbes, La cruz(“COFRESAC”), Lima(VILLA EL SALVADOR), Catacaos(“HIELOS Y SERVICIOS”),Paita(FABRICA DE TOKON), Sechura(“FABRICA DE SECHURA”), Piura(“RICO PEZ), Sullana(“HIELO SULLANA) y (HIELO BUENO), Trabajos tambíen realizados en Plancha de acero inoxidable(empleando máquina TIG con argón “máquina propia”). Comunicándoles a los interesados, contactarse a este blog para más información

TEXTOS BREVES PARA MEDITAR SOBRE LA ENFERMEDAD

El Evangelio del sufrimiento se escribe continuamente, y continuamente habla con las palabras de esta extraña paradoja. Los manantiales de la fuerza divina brotan precisamente en
medio de la debilidad humana. Los que participan de los sufrimientos de Cristo conservan en sus sufrimientos una especialísima partícula del tesoro infinito de la redención del mundo, y pueden compartir este tesoro con los demás.
Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a la Pasión de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia (Col 1,24). En el Cuerpo de Cristo,
que crece incesantemente desde la Cruz del Redentor, precisamente el sufrimiento, penetrado por el espíritu del Sacrificio de Cristo, es el mediador insustituible y autor de los bienes indispensables para la salvación del mundo. El sufrimiento, más que cualquier otra cosa, es el que abre el camino a la gracia que transforma las almas. El sufrimiento, más que todo lo demás, hace presente en la historia de la humanidad la fuerza de la Redención. Sabéis bien que quien sufre no busca sólo un alivio a sus dolencias o limitaciones, sino también al hermano o hermana capaz de comprender su estado de ánimo y ayudarle a aceptarse a sí mismo.

ORACIÓN DEL AFLIGIDO QUE ACUDE A DIOS (SALMO 6)

Señor, no me corrijas con ira, no me castigues con cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco, cura Señor, mis huesos dislocados.
Tengo el alma en delirio, y tú, Señor ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma, sálvame por tu misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca, y en el abismo ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir: de noche lloro sobre el lecho, riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados, envejecen por tantas contradicciones.
Apártense de mí los malvados, porque el Señor ha escuchado mis sollozos, el Señor ha aceptado mi oración. Que la vergüenza abrume a mis enemigos, que avergonzados huyan al momento.
Reflexiones para la enfermedad Señor Jesús, soy un enfermo que me acerco a Ti como lo hacían tantos enfermos cuando vivías tu vida terrena. Tú nunca los rechazaste, al contrario era una de tus aficiones preferidas:
estar con los enfermos y necesitados, y curarlos.
No debería atreverme porque te uso como a Santa Bárbara, cuando truena. Además hay algo en mí que me dice que me estoy traicionando a mí mismo, que debiera ser más honrado pero
también sé que si no fuera por la enfermedad no estaría hablando ahora contigo y sé que para Ti lo que cuenta es que ahora estoy más cerca, lo de menos es el motivo. Sin embargo, esta situación hace que me vea impotente, yo que me creía todopoderoso; preso y condicionado cuando me creía libre; me falta lo más importante: la salud, y lo peor de todo es que me estoy volviendo más egoísta, más rebelde… cuando todo me tendría que ayudar a madurar más, a saber valorar lo que es importante en la vida, a volverme a Ti, y a procurar encontrarte.
Concédeme la gracia del consuelo, de la paz y del ánimo para vencer las dificultades propias del momento. Renueva en mí la confianza y la fe en Ti y fortaléceme contra las tentaciones del maligno, especialmente la tentación del desaliento y de la angustia ante la muerte y para que todo esto no me resulte demasiado difícil.
Te pido que me concedas la fuerza y el don de unirme más íntimamente a tu Pasión. Si me lo das, estaré participando contigo en tu obra salvífica y redentora. Sé que sufriendo así
contribuiré a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece, por Cristo, a Dios Padre.
La oración avalada con el dolor y el sufrimiento es escuchada y atendida antes y mejor por, Ti. Por eso aprovecho para pedirte por la Iglesia, la persona e intenciones del Papa, que haya
muchos y santos sacerdotes; acuérdate también de mi familia y de mis necesidades espirituales y materiales y tantas cosas…
Señor, te he pedido que me concedas la salud, pero también sé que la meta de mi vida es ser otro Cristo terminando por compenetrarme con tu muerte y resurrección hasta que pueda
disfrutar de la vida eterna. Es una tarea que comencé en el Bautismo muriendo al pecado y prometiendo vivir la vida de Cristo. Cada sacramento ha tenido ese objetivo y ahora me doy
cuenta de que también este momento puede ser un paso importante en esta tarea ya que la característica de tu vida fue la Cruz.
Señor, que entienda el sentido del dolor, que ame el encuentro contigo que experimente la dicha de haberte encontrado a ti la verdadera Salud.
Madre mía, ayúdame a que tu Hijo me escuche y me conceda lo que le pido. Mientras tanto espero que hagas conmigo lo que hiciste con El: salir a mi encuentro en mi Calvario, permanecer
al pie de mi cruz, estar cerca de mí, recoger mi última palabra.
Enséñame, Señor, a envejecer
Señor, enséñame a envejecer. Convénceme de que no son injustos conmigo los que me quitan responsabilidad, los que no me piden mi opinión, los que llaman a otro para que ocupe mí
puesto.
Quítame el orgullo de mi experiencia pasada; quítame el sentimiento de creerme indispensable, que en este gradual despego de las cosas yo sólo vea la ley del tiempo, y considere este relevo en los trabajos como manifestación interesante de la vida, que se releva bajo el impulso de tu providencia.
Pero ayúdame, Señor, para que todavía sea útil a los demás, contribuyendo con mi optimismo y oración a la alegría y entusiasmo de los que ahora tienen la responsabilidad; viviendo en contacto humilde y sereno con el mundo que cambia, sin lamentarme por el pasado que ya se fue; aceptando mi salida de los campos de actividad, como acepto con naturalidad la puesta del sol. Finalmente te pido que me perdones si sólo en esta hora caigo en la cuenta de cuánto me has amado, y concédeme que mire con mucha gratitud hacia el destino feliz que me tienes preparado y hacia el cual me orientaste en el primer momento de mi vida.

SEÑOR, ME CREÍA SOLO

Yo no te había visto, me creía solo, solo en mi sufrimiento, solo en mi soledad. Y he aquí que la carga parece menos pesada a mis espaldas y sobre todo a mi alma. Y he aquí que mi mano se sentía arrastrada como por otra mano. Y he aquí que ya no estaba solo. Tú estabas allí.
Señor, pálido, cansado, jadeante, abandonado como yo…por mí.
Y tu llevabas tu Cruz, una cruz mucho más pesada que la mía; y tú me ayudabas…Al principio no te había visto. Y cuando me siento terriblemente cansado, tampoco te veo y me lamento. Y sin embargo Tú estás allí. Señor, transforma todos mis sufrimientos. Dios mío, deposito a tus pies mi carga, mis dolores, mis tristezas y mis sacrificios. Transforma todas mis pruebas en gozo y santidad, a favor de los que amo; en gracias para las almas, en preciosos dones para tu Iglesia. Amén.

ORACIÓN DEL ENFERMO PARA ACEPTAR LA ENFERMEDAD

Señor, me coloco delante de Ti en actitud de oración. Sé que Tú me oyes, penetras y ves.
Sé que estoy en Ti y que tu fuerza está en mí. Mira este cuerpo mío marcado por la enfermedad.
Tu sabes, Señor, cuánto me cuesta sufrir.
Sé que Tú no te alegras con el sufrimiento de tus hijos. Dame, Señor, fuerza y coraje para vencer los momentos de desesperación y de cansancio. Conviérteme en paciente y comprensivo, simple y modesto. En este momento, Te ofrezco todas mis preocupaciones, angustias y sufrimientos, para que yo sea más digno de Ti.
Acepta Señor que yo una mis sufrimientos a los de tu Hijo Jesús que, por amor a los hombres, dio la vida en lo alto de la cruz. Y ahora yo te pido, Señor: ayuda a los médicos y enfermeras a tener la misma dedicación y amor a los enfermos. Amén.
Señor, hágase tu voluntad.
Padre de bondad, yo sufro, estoy postrado y no tengo fuerzas. En estos momentos me es difícil decir: “Hágase tu voluntad”. Pero en medio del desaliento, Señor, quiero decir sí a mi estado, a mis sufrimientos, a mi debilidad, a mi pobreza. Quiero aceptar lo mejor posible todo como venido de tus santas manos.
No permitas que mi sufrimiento sea inútil. Quizás alegra a alguien que no te conoce y no te ama o también a quien trabaja y lucha contigo. Tu Hijo ha mostrado, sobre la Cruz, que el sufrimiento no es inútil. Te agradezco porque me haces comprender este misterio. Bendíceme, Padre: bendice a las personas que me ayudan y me acompañan. Bendice a todos aquellos que sufren como yo. Y, si quieres, concédenos la salud a mí y a los demás. Amén.

ORACIÓN DEL ENFERMO AL COMENZAR LA JORNADA

Atribuida a San Hilario de Poitiers
Señor, voy a comenzar un nuevo día; resuenan en mis oídos las palabras que dijiste:
Aunque la madre olvide a sus hijos, yo jamás te olvidaré. Sé que me miras con cariño Y me amas Con ternura porque estoy enfermo. Estoy debilitado físicamente, estoy preocupado por la enfermedad que se apoderó de mí.
A veces, el sufrimiento me hace perder el gusto a la vida. Pero la fe me da la seguridad de Que estás a mi lado, para ampararme, para consolarme, y para comunicarme la fuerza necesaria a fin de que no vacile en la hora del dolor y no me desanime en la hora del sufrimiento.
Así como la madre demuestra todo su desvelo maternal y su amor cuando el hijo está enfermo, así yo creo, Señor, que tu bondad me va a proteger y guiar durante este día, ya que soy tu hijo y estoy enfermo. Te agradezco la noche que pasé, el descanso que tuve y las horas de vigilia que aproveché para pensar en ti. Te agradezco por el desvelo de aquellos que me cuidaron y me atendieron cuando lo necesité.
Ante la inseguridad que siento al comenzar este nuevo día, confío en ti, ya que todo lo que tengo y lo que soy te pertenece. El deseo de recuperarme y volver junto a mis seres queridos me hará enfrentarme a todo lo que sea preciso. En el esfuerzo de los que me atienden veré tu mano, Señor, que quiere levantarme y verme restablecido.
Los sacrificios que este día me reserva con tu ayuda quiero soportarlos pacientemente y las alegrías que por ventura sienta, quiero compartirlas con quien esté sufriendo conmigo. En mi ansia de ser feliz haré todo lo que se me ordene, con la frente erguida y el ánimo sereno.
Te pido, Señor, que alivies los dolores de los que sufren más que yo. Bendice mi día y acepta mis sufrimientos; te los ofrezco en unión con los sufrimientos de Jesús. Amén.

ORACIÓN POR UN NIÑO ENFERMO

Señor, tú invitaste a los niños a venir hacia ti para poner tus manos sobre ellos y bendecirlos. Te suplicamos que extiendas ahora tu mano sobre este (a) niño (a) para aliviar su dolor, para librarlo (a) de todas sus dolencias.
Que tu misericordia le devuelva la salud del cuerpo y del alma, a fin de que, con corazón agradecido, pueda siempre amarte y servir siempre a su prójimo. Te lo pedimos a ti, que nos amas y vives por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN PARA LA SANTIFICACIÓN EN LA ENFERMEDAD

Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Tú que en todos estás presente y lo llenas todo con el consuelo de tu Espíritu Santo, ven a fortalecernos en nuestras angustias y preocupaciones.
Tú, que por tu Hijo Jesucristo saliste al encuentro de los enfermos, tocaste las llagas de los leprosos, consolaste a los afligidos, defendiste a los pobres y resucitaste a los muertos: ven a dar sentido a nuestros males, ven a sanar nuestros corazones, ven a darnos vida abundante y alivio a nuestros sufrimientos.
Que animados por la Fe, llenos de amor y de esperanza, completemos en nuestros cuerpos lo que falta a la pasión de Cristo, por el bien de la Iglesia y de toda la humanidad. Amén.

ORACIÓN PIDIENDO LA AYUDA PARA ATENDER A UN ENFERMO

Señor Jesús, aquel (aquella) a quien amas está enfermo (a). Tú lo puedes todo; te pido humildemente que le devuelvas la salud. Pero, sin son otros tus designios, te pido le concedas la gracia de sobrellevar cristianamente su enfermedad.
En los caminos de Palestina tratabas a los enfermos con tal delicadeza que todos venían a ti; dame esa misma dulzura, ese tacto que es tan difícil de tener cuando se está sano.
Que yo sepa dominar mi nerviosismo para no agobiarle, que sepa sacrificar una parte de mis ocupaciones para acompañarles, si es su deseo.
Yo estoy lleno de vida, Señor, y te doy gracias por ello. Pero haz que el sufrimiento de los demás me santifique, formándome en la abnegación y en la caridad. Amén.

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